CULTURA
Cuentos y Fábulas en el ‘luscofusco’ |
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Maisa Marbán ofreció una velada acorde con la calidad del festival. / Kamarero
La narradora leonesa, Maisa Marbán, fue la encargada de poner el punto final a la última edición del festival de narradores orales.
Alba Domínguez - Segovia
El pasado domingo la calle de la Judería Vieja dejó ver, dado el gran número de personas que esperaban en la puerta, el interés de los segovianos por espectáculos de esta magnitud, en los que solo hace falta el don de la palabra y las ganas de escuchar para crear una velada magnífica que finaliza ya su decimotercera edición.
Los espectadores despidieron el festival de narradores orales, puntuales, como los últimos siete días, esperando ansiosos la fiesta de la palabra. Entre el público ya se conocían las caras de unos y otros que, “enganchados” a un espectáculo de tal envergadura, no faltaron a ninguna de las citas propuestas por el festival. Comentan encontrarse entre amigos, y así, entre risas y conocidos, comenzó el arte de la palabra de mano de Maisa Marbán.
La narradora es una de las cuatro féminas que formaron parte del cartel de este año. Maisa Marbán tiene una sólida formación literaria, que se mueve entre la tradición renovada y la recreación biográfica, algo que ha conseguido llevar a escenarios de medio mundo.
La narradora de historias comenzó con un “vamos a ello en el luscofusco”, palabra gallega usada para determinar el momento en que anochece, y así se puso manos a la obra, para conseguir que los presentes soñaran, vivieran y recrearan mundos imaginados. Los relatos empezaron con la explicación de su procedencia, un pequeño pueblo leonés, Palanquinos, y a raíz de ahí contó historias de cómo ha vivido, cómo se organiza una familia con más de diez hermanos y cuáles eran las formas de comportarse de su madre, con lo que provocó el recuerdo y la sonrisa de esas manías que sólo puede tener una madre; mezclada con fábulas de sirenas, dragones y hadas.
Marbán comparó situaciones presentes con hechos pasados en los que identificó una bicicleta con una moto, asemejó las coplas que enamoraron a su abuela con una conversación actual plagada de marcas y aplicaciones. Maisa recordó que es necesaria una renovación de amores para no olvidar quienes somos y de donde venimos; una recreación de las batallas de los abuelos hechas realidad en la actualidad y adaptada a situaciones presentes.
La voz clara de la autora consiguió su objetivo y el silencio reinó en todo el patio de Andrés Laguna. Durante una hora y cuarto la imaginación, lo único que no se puede arrebatar, cubrió la mente de los espectadores y una vez más la artista consiguió sacar lo más bonito, una sonrisa sincera de todas y cada una de las 350 personas que entran en este patio de la casa de Andrés Laguna.
Sin duda una gran elección para finalizar el festival, una forma de dejar un buen recuerdo y conseguir tal y como dice Ignacio Sanz, “preparar una decimocuarta edición que cumpla con las expectativas del público y con los niveles de calidad literaria a los que acostumbra el festival”.
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