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Aurelio rima con imperio - 4/7/2011
En asonante, pero rima.
Cuando uno es joven, considera lo cotidiano como normal, sin llegar a dar importancia o valorar en su justa medida aquello que tiene cerca. Cuando crecemos, y con la perspectiva que sólo dan los años, te das cuenta de la cantidad de cosas de valor que has tenido al lado y que, en su momento, no valoras. Esto me ha sucedido en muchos aspectos y también, naturalmente, en el deportivo.
De pequeño, vivía con verdadera pasión todo lo que fuera baloncesto. Tenía mis ídolos, por supuesto, y cuando vino a jugar contra el Imperio el Real Madrid (sí, sí; el Real Madrid de Fernando Martín, Corbalán, Brabender y Delibasic), o la Selección Española contra la Universidad de Saint John’s en el Teodosio, los ojos se me quedaban como platos.
Sin embargo, por aquél entonces no alcanzaba a valorar el trabajo de otras personas cercanas cuyo legado hizo posible que, aquí en Segovia, los chicos de mi generación tuviéramos un equipo prioritario en el que jugar y un referente al que mirar: el Imperio. Entre aquellos personajes con quien llegué a tener, siendo un crío, cierta relación, estaban Teófilo Ortiz, como presidente del Imperio, Jacinto Serrano, como presidente de la Federación Segoviana de Baloncesto y, sobre todo, por aquello de la amistad familiar, con Aurelio García, uno de los jugadores del Imperio desde su fundación.
La importancia del trabajo de estos señores me la refrendaron, años después, verdaderas leyendas del baloncesto español, como Luis Trujillano o Pedro Ferrándiz, quienes me han llegado a hablar del Imperio con auténtica admiración y respeto.
Con el Imperio dando sus últimos coletazos, Aurelio llegó a sentarse en el banquillo durante alguno de aquellos torneos que los árbitros segovianos organizaban al final de temporada. Y yo tuve la suerte de tenerle de ‘entrenador’. Aún lo recuerdo como si lo estuviera viviendo: “¡Cógela, Quique. No la palmees!”, me decía después de haber fallado dos o tres palmeos en el aro rival. Debí haber hecho caso al sabio, y no seguir insistiendo en palmear.
El fallecimiento de Aurelio, la semana pasada, reduce un poquito más el patrimonio del Imperio. Como diría tu amigo Eusebio: "hasta la vista, Urelio sin hache".
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