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¿ Por qué hay canciones que nos hacen llorar? - 5/12/2013
Hace unos días que Bob Brozman decidió que su vida no valía la pena si no podía tocar. Ni Zoe, ni Haley, ni siquiera la posibilidad real o ficticia de convertirse en profesor a tiempo completo o compartir todo lo aprendido con aquellos diletantes de la guitarra pudieron evitar que se quitara la vida. Sus manos dictaban el ritmo de sus días y, si éstas no responden, entonces la música ya no fluye y si ésta no suena es mejor que el corazón deje de salir.
Creo que todos los que aman hacer cosas con las manos por encima de todo se han hecho la pregunta alguna vez: Y si pierdo los dedos, ¿tendría fuerzas para seguir?
El mundo está lleno de playas donde hundir los pies, de preciosas mujeres con labios del color de las cerezas que recorren las calles de la ciudad, de noches en las que el tiempo se escapa entre cerveza y amigos, de cuadros de Bacon y Hopper, de personas que pueden cambiar tu vida en un instante y mostrarte la belleza en una gota de agua, de canciones de Dylan y sinfonías de Mahler que consiguen hacernos recuperar la esperanza en ese asqueroso ser llamado humano, la memoria y el olvido, París en Septiembre y Madrid en primavera, la posibilidad de ganar la partida con un farol, los versos de Nicanor Parra y la posibilidad de que algún día veamos caer a todos aquellos que se apellidan Aznar, Cospedal, Paulson y Rios Montt.
A pesar de ello, a veces nuestras vidas dependen de algo que se impone por encima de todo lo demás. No hace falta que tenga la menor trascendencia para el mundo, tan sólo es suficiente con que nos valga para poder sobrellevar la tiranía de los días. Si de pronto, un accidente te lo arranca, el eje de nuestro mundo se altera hasta tal punto que si las mareas en Galicia son iguales que las del Mediterráneo, los atardeceres pierden el color que guardamos de ellos en nuestros recuerdos.
Esto no es un alegato a favor del suicidio ni mucho menos, simplemente una manera de poner de manifiesto lo importante que es vivir nuestra vida a nuestra manera, con esa sensación tan dulce que dejan los días vividos con intensidad, a nuestro ritmo y con la música de fondo que más nos conmueve sonando como un tambor a la contra.
Bob Brozman apostó por dejarse llevar por la enorme curiosidad de encontrar otras músicas en Méjico, Hawai y África y darles cobijo entre las cuerdas de sus instrumentos. El hecho de darse cuenta que la música de Britney Spears hace el mismo ruido que los tanques entrando en Bagdad es sólo una prueba de su amor por la música. En cuanto el pájaro dejó de cantar, el prefirió desplegar sus alas y despedirse de todo. Las formas no fueron las correctas pero quizás en esa forma tan terrible de decir adiós se encontraba una forma de rebelarse contra el silencio, aquel que te invade cuando ya no puedes hacer lo que amas por encima de todo. Quizás debería haber contado un par de compases más antes de dejarnos, el final hubiera sido muy distinto.
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