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Ver, oír y callar - 7/16/2009
Cuando llegas a una ciudad, normalmente te sientes perdido; cuando llegas a Venecia te pierdes hasta el día que abandonas la isla, cada rincón es sorprendente, cada puente tiene su historia; y es que esta ciudad siempre tuvo su historia a parte, fue independiente del resto de las ciudades italianas; los venecianos son gente fascinante, pero muy particulares, como ellos mismos dicen, su acento les delata, la hegemonía marítima que manejaron y el esplendor de una época les hacen añorar esos días…
Hace poco, fuimos invitados dos amigos franceses y yo a una “Laurea”, que es una fiesta típica que se le prepara a la persona que termina sus estudios universitarios; la persona en cuestión, es citada un día a una hora concreta en la universidad, lee su tesis y recibe una puntuación; cuando sale, su familia y amigos le cantan una canción popular que alardea el fin de estos estudios convirtiéndolo en “dottore”, después se dan una serie de ritos que con el paso de los años han degenerado en harina, huevos y tartas en la cara del “laureato”.
De este modo,nosotros, tres extranjeros que no entendíamos muy bien de que iba el asunto, hacíamos un paréntesis en nuestra vida cotidiana para participar en una fiesta popular italiana; tras estos festejos fuimos a casa de la chica que se licenciaba, en una zona de “tierra firme” (esto siempre lo dejan claro los venecianos) conocida con el nombre de “Mogliano Veneto”.
Los tres, fuimos por 10 horas que duró la fiesta, el centro de atención; todos querían preguntarnos por nuestros países y ciudades de origen, por el motivo que nos había traído a Venezia etc. Nos dimos cuenta, al menos yo, de la valiosa fuente de información que es el ser humano…la abuela de nuestra amiga era veneciana de pura cepa y nos contó cómo su padre, al ser opositor de Mussolini, tuvo que entregar todas las joyas de la familia menos un anillo que esta señora nos mostró con orgullo y cómo también tuvieron que vender su casa del barrio de Santa Croce, el abuelo nos contaba por otra parte, lo que él entendía por Venecia hace 50 años, cuando el turismo era más selecto y todavía los venecianos podían disfrutar de largos paseos por el barrio de San Marco…una hermana de la madre de nuestra amiga nos decía con nostalgia que tras haber nacido, crecido y tenido a su primer hijo en la isla, con el paso de los años, tuvo que abandonarla, ya que Venecia se volvió en un cierto modo, un sitio no demasiado soportable y habla del “sestiere” ( porque son seis “quartièri”, barrios en italiano) de Cannaregio como uno de los pocos que aún conservan la identidad de un tiempo.
Todas estas experiencias personales me hicieron ver cómo a esta ciudad el dicho de “lo que no mata engorda” verdaderamente la está matando; el turismo le da de comer, Venecia y los venecianos callan, pero no digieren más. Desde el momento en el que pisé la isla, fui crítica con este turismo masivo, con el tiempo aprendí a callar como la gente de aquí…ha sido un acto reflejo, o más bien un acto que el entorno te prepara y raramente te enseña a entender.
En pocos días se celebra la fiesta de “Il Redentore”, la fiesta más importante para los venecianos, por delante del Carnaval, que consiste en peregrinar con barcas desde Venecia hasta la iglesia de la cuál toma nombre la fiesta, en la isla de la Giudecca, situada justo en frente a no muchos metros de distancia; a la peregrinación le acompañan fuegos artificiales, oficios religiosos, copiosas comidas en la playa, música tradicional hasta el amanecer... según los venecianos, es la fiesta que les despierta del letargo del resto del año.
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