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Escraches - 5/5/2013
Por supuesto que es violencia (e ilegal) juntarse ante la casa de cualquiera e intimidar, coaccionar, insultar y cualquier otra forma de atacar aunque sea de forma no letal. Me cuesta creer que alguien lo ponga en duda. Desde ese punto de vista los escraches (palabra fea de fondo y forma donde las haya) son absolutamente inaceptables.
Son, lo escraches, sin embargo, compresibles. Alguien que no le queda casa ni trabajo, necesita expresar la impotencia, el miedo y la indefensión de manera física y violenta. Y ahí pagan justos por pecadores.
Inaceptables pero compresibles, lo fueron igualmente las manifestaciones de aquellos cristianos sin complejos que increpaban, durante los años 80, a los médicos de la clínica Dator que practicaban abortos.
Cierto es que la derecha no es dada a este tipo de acciones, pero esto es por sus conocidos complejos, no porque sean mejores o peores. Complejos que no tiene la izquierda española, con excepción a lo relativo a la bandera española, ante la cual no saben muy bien cómo colocarse.
Fue en los años 80 cuando la mujer se incorporó en masa al mercado laboral y provocó la desaparición de la llamada “clase baja”. Los camareros (ellos y ellas, conviene aclarar ahora), los pastores, las prostitutas, barrenderos y demás posiciones sociales consideradas (y llevadas con dignidad) humildes pasaron de pronto a tener una segunda vivienda en la playa, viajar y comprar en las mismas tiendas que compraba la ya inmensa “clase media”.
Los inmigrantes ocuparon con ansia y descaro ese eslabón de “clase baja” y aunque la economía, luego en los 90, iba a toda mecha, sufrían los inevitables perjuicios de la distancia, la expatriación y el racismo.
La escalada social fue rápida y suave y pronto se disolvió la clase baja como un azucarillo. Nadie se acordaba ya de su propia historia y solo se pensaba en consumir.
Pero llegó la crisis, y esa clase media empezó a percolar. El peldaño de la clase baja empezó de nuevo a llenarse y los inmigrantes partieron. Pero a pesar de todo, la clase media aguantará; sigue teniendo pulmón. Pasará del derroche al consumo contenido por sus propios ingresos. Y el acoso inaceptable pero comprensible a los políticos del gobierno cesará. Los recortes nos harán valorar lo que tenemos.
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