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ETA - 7/28/2011
Bueno, aquello sí fue un poco fuerte. Bueno, un poco fuerte era todo, ¿no? Lo de este hombre sí fue más fuerte… probablemente, ¿no? Y luego… estuvimos con él veintitrés o veinticuatro días. Yo no estaba todo el día. Entonces uno del comando ya no trabajaba, pero yo trabajaba. Yo venía todas las noches, les traía comida y tal y me quedaba con ellos. Y luego los fines de semana también, no me acuerdo si todos, pero algunos fines de semana, pues eso, que pasas veinticuatro horas allí.
Hablábamos, hablábamos de todo, porque el hombre era encima muy… como muy campechano, se hacía muy campechano. En fin, un hombre muy corriente. Nos hablaba de todo, nos contaba sus películas, no sé. Me acuerdo hasta de habernos abrazado y todo. Me acuerdo que hubo un partido de fútbol y, pues eso, estábamos cuatro allí, había dos que eran del Athletic de Bilbao… y yo y él éramos de la Real y tal. Y fue un partido de esos emocionantísimos. Y ya, vamos, te quiero decir… él nos preparaba la comida, fíjate, él preparaba la comida. Habíamos hecho planes para después de la liberación, para vernos alguna vez y tal. No sé, fue una relación con él muy… muy normal, ¿no? Eso… y muy amigable, como de bastante confianza. Bueno, por su parte qué remedio le quedaba que ser así. […]
Entonces un día me llamaron y me dijeron: le tenéis que pegar un tiro. Vine… desde casa de los amigos, les llamé y tal… Oye, que saliera fuera para que él no oyera eso, claro. Yo me acuerdo que les dije: oye, me han dicho que hay que pegarle un tiro y tal… Oye, que saliera fuera para que él no oyera eso, claro. Yo me acuerdo que les dije: oye, me han dicho que hay que pegarle un tiro y tal. ¿Cómo lo hacemos? Supongo que lo decidimos… Supongo, no: lo decidimos en veinte segundos. Pues vamos allí, le pegamos un tiro y punto. Eh, nos inventamos una mentira, que no sé si se lo creyó porque, claro, supongo que esas cosas percibes también, ¿no? Notaría algo, probablemente. Él no dijo nunca nada. Pues nada, lo metimos a un coche, lo llevamos a un descampado, le sacamos… ¡pum! Le pegamos un tiro, nos metimos todos en el coche. […]
No, no me acuerdo de ningún sentimiento ni de pena por la persona ni… ni nada de eso. Encima… ¡si no se le mata a la persona! Eso es muy curioso, igual es un poco difícil de entender, ¿no? Pero nosotros, por ejemplo, entonces estábamos matando al empresario. Incluso hoy, uno de ETA o lo que sea, cuando mata a un guardia civil, no le mata a la persona. Yo nunca vi allí un hombre tampoco, así… no sé, de carne y hueso. Estás atacando a un símbolo o tal. Y es este caso, el símbolo podía ser, o era… Pues éste era un gran empresario y en su taller estaban de huelga y tal; y entonces… pues justificas perfectamente. Y no eres capaz de ver… Yo creo que no eres capaz de ver la persona, ¿no? Y si no la ves, no sufres, claro.
Descripción de un miembro de ETA del secuestro de un empresario vasco. Patriotas de la Muerte. Fernando Reinares. Edit. TAURUS
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