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LOS MARISTAS EN FIJI - 8/28/2011
El otro día estuvimos en Levuka, que fue la capital de Fiji hasta que en el año 1881 fue trasladada a Suva. Está en el este de la isla de Ovalau, en el grupo de islas Lomaivitis, y es como si la evolución de la ciudad se hubiera detenido en el siglo XIX. Hoy en día parece que te encuentras en un pueblo del “Far West” pero en versión Pacífico Sur. En su época de esplendor multitud de mástiles de grandes barcos poblaban su puerto y más de 50 tabernas despachaban licor a raudales a los sedientos marineros. Para entrar en el puerto por la única brecha del arrecife que lo protege se decía que los capitanes no tenían más que seguir el rastro de las botellas de ginebra vacías que flotaban a la deriva. Cuesta creer que este apacible remanso de paz de hoy día fuera en aquellos momentos una auténtica “ciudad sin ley”.
Uno de los edificios que más me llamó la atención fue el colegio Marista, fundado en la década de 1880. No pude dejar de acordarme del colegio que los hermanos Maristas tienen en Segovia sobre el Pinarillo, en un enclave que es un auténtico regalo para los ojos. El colegio de Levuka está construído en piedra, caso muy raro en Fiji, porque los fundadores no querían que su obra se viniera abajo al primer huracán, y sin duda han conseguido que perdurara. El enclave tampoco tiene nada que envidiar al de Segovia, con unas vistas preciosas sobre el arrecife y grandes montañas cubiertas de frondosa vegetación a su espalda, cosa que me hace pensar que los hermanos Maristas tienen muy buen ojo a la hora de elegir la ubicación de sus colegios. Pero una característica que comparten con el resto de colegios fijianos es su gran explanada central para que los alumnos jueguen y practiquen deporte.
En España, el mejor espacio de cada pueblo o ciudad está dedicado a albergar principalmente edificios administrativos,iglesias y los mejores bares y restaurantes. En Fiji en cambio, los colegios, con sus grandes explanadas, ocupan el único terreno llano y despejado del pueblo, el mejor lugar de la población alrededor del cual gira la mayor parte de la vida social. Los edificios de las escuelas, da igual que sean católicas, metodistas, hindús, musulmanas o laicas, aunque generalmente simples, son siempre mejores que el resto de construcciones, y los propios alumnos colaboran en su mantenimiento. Es bastante significativo porque en España los colegios cada vez se parecen más a contenedores y distan bastante de tener el peso específico social que tienen en Fiji.
La educación en Fiji ocupa una posición tan importante en buena medida por el ansia innata de aprender de los fijianos. Ellos siempre te dicen que tienen muchas cosas que aprender de nosotros los kaivalagi (extranjeros de allende los mares) y procuran hacerlo siempre que pueden, se acercan a ti, te preguntan y se interesan por todo lo tuyo. Pero eso no quiere decir que ellos se sientan inferiores a nosotros, ni mucho menos, porque los fijianos están muy orgullosos de sus raíces y su cultura y nunca se cambiarían por un europeo. Por el contrario los kaivalagi solemos llegar aquí mirando por encima del hombro a estos “pobres ignorantes” perdidos en remotas y diminutas islas, cuando no me cabe ninguna duda de que nosotros tenemos mucho más que aprender de ellos que ellos de nosotros. Tenemos mucho dinero y mucha tecnología, pero cuánto mejor nos vendría un poco de humildad.
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