Barcelovia es el lugar del que intenta volar con cierta independencia. Del que se va a la cama con cosas que decir y del que las dijo y no se siente del todo bien. Barcelovia es el rincón para el que se siente joven para muchas cosas y comienza a sentirse mayor para otras tantas. El lugar del que quiere cambiar las cosas, del que lo intenta, del que cree que ya lo hizo y del que jamás pensó en hacerlo. En definitiva, algunas verdades, creencias y momentos que le cuento para evadirnos de la aburrida rutina y que usted me puede (y debe, no se corte) rebatir. No llegaremos a la verdad absoluta, pero seguro que pasamos un buen rato. ¿Le hace un café?
Déjenme soñar - 3/25/2012
Una de las cosas que más fastidia –y estará de acuerdo conmigo- es que a uno lo despierten de un sueño dulce. De esos en los que se enrosca en las sábanas y se agarra a la almohada deseando que el despertador se vaya a tocar la moral a otro. Mañanas que invertir en sueños de vapor, en los que igual se mezcla gente del trabajo con familia con antiguos amores que ni vienen a cuento. Usted ya sabe.
Pero, siendo esto jodido, lo es más aun cuando uno tiene el anhelo. Me explico. Existe algo que es soñar con el sueño, desearlo, buscarlo e incluso no dormir, por luego soñar. Pasa lo que pasa. Que el sueño que viene después no cumple la expectativa, o la cumple mal. Dejémoslo en que, simplemente, la cumple de otra manera.
En esas estoy, en negarme a que este sueño, el de estar aquí, se nos acabe más pronto que tarde. No me lo quiero creer y niego en público que quiera seguir siendo parte. Que no veremos a los casi dosmil el año que viene por la Albuera. Y como dijo aquel, quien se engaña a sí mismo engaña a un tonto.
Después de todos estos años algo me ata a esos asientos verdes. Miento si digo que no vería a la Sego si bajara -que no va a bajar- y ya no se si me miento, si la engaño (a la Sego) o si todo es un sueño que durará más de lo que se empeña el despertador.
Aunque solo sea por los Correa, por los Maroto, por los Durán… a los que esta temporada en la que éramos casi vírgenes de todo quizás les hayamos pedido más de lo normal. Uno pide de más normalmente cuando aprecia.
Sea como fuere y pase lo que pase, le seguiré engañando a usted para que se líe, suba y vea qué pasa; y si hay que llorar llore y si hay que reír, ría. Porque lo único bueno de los sueños chafados por el despertador de la pura realidad es que se pueden volver a vivir si uno se acurruca un poco más en la cunita. Y este, si nos despiertan, lo volveremos a soñar.