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¿Hemos olvidado el escándalo de Caja Segovia? - 5/21/2013
Desde aquella manifestación en Segovia (octubre 2012) contra las innumerables irregularidades en la gestión de Caja Segovia, hemos leído en los medios de comunicación cientos de publicaciones sobre el tema. Imputaciones - como la del señor Atilano Soto Rábanos, aquel personaje que entre aperitivo y aperitivo en actos públicos se iba creando su propio chiringuito, o emporio, llámenlo como quieran-. También noticias sobre futuras declaraciones en los Juzgados aún por realizarse – como las de los señores Manuel Escribano y Miguel Ángel Sánchez Plaza – que desde su retiro madrileño se encienden un puro con alguno de los billetes que se ganaron con su inconmensurable talento para hacer cuentas- O rumores y confirmaciones sobre las maravillosas dietas que cobraban los consejeros de Caja Segovia, aquellos que por unas cifras por hora que ya firmaría un futbolista de élite, decidían en las reuniones si la próxima convivencia la hacían en Rusia, en los Carnavales de Venecia o en Pernambuco, que aunque ésta última no se produjo, no les quepa duda a mi puñado de lectores que seguro que se propuso. Lo que no sabemos es cuántos familiares de cada consejero hubieran ido, gratis, por supuesto, que era por motivos de trabajo.
El comportamiento de todos los actores protagonistas de este escándalo está siendo muy diferente. Tenemos a los miembros del PP con un ataque de amnesia colectiva digna de estudio por los laboratorios más importantes del mundo. Si un periodista pregunta por Atilano Soto, verá que miran a otro lado, se rascan la barbilla y a otra pregunta, por favor. Curioso cuando Soto fue Presidente de la Diputación Provincial con este partido y uno de los artífices de la “maravillosa” Segovia 21, cuyo suelo PÚBLICO fue cedido por esta institución y a estas alturas acumula en pocos años una deuda millonaria por su nefasta gestión… tan nefasta como las asignaciones que cobraban sus directivos, Soto entre ellos, no les quepa duda. Pero en el PP tampoco se acuerdan muy bien de que ilustres de su partido estaban dentro del Consejo de Administración de Caja Segovia. Estas personas tienen nombre: Sanz Vitorio, Miguel Ángel de Vicente, Fernando Aceves, Sanz Merino… Estaría bien que alguno tuviera la dignidad de explicar cómo creen ellos que merecieron cobrar esas dietas (suman más de 400.000 euros en total en los últimos seis años). No lo explicarán porque implicaría mentir, y ya saben ustedes que mentir está muy mal.
Después está el PSOE, socialista, obrero y español, qué de cosas, ¿verdad? Nuestro Alcalde se ha erigido en portavoz de la causa y clama a los cuatro vientos que quiere justicia, que quiere que paguen los responsables. Señor Pedro Arahuetes, si usted quiere Justicia de la de verdad, tenga la vergüenza de devolver los más de 40.000 euros que percibió como miembro de ese Consejo que, por omisión y silencio, ha permitido que unos cuantos saqueen las arcas de Caja Segovia. Usted ha repetido tantas veces en rueda de prensa que no sabía nada que, si es verdad, la siguiente pregunta es qué pintaba en aquel consejo y cómo era merecedor de tan estupendísimas dietas. Y ya que se lo pregunto a usted lo hago a sus compañeros, también muy enfadados por la parte que les interesa, Miguel Agudíez Calvo o José Pablo Lozoya. Menos demagogia, por favor, que el ciudadano va tragando ya poca propaganda. También tengo un recuerdo para Eduardo Aguado Pastor, de CC.OO. Su influencia en el Consejo se estudiará en los libros de Economía como lo más parecido a la nada.
Luego están los verdaderos responsables, los beneficiarios de esas prejubilaciones e indemnizaciones, los que se embolsaban sueldos escandalosos que se autoimpusieron con el beneplácito del consejo, que nunca se hizo las preguntas correctas sobre si aquellas cifras eran lógicas. Estos directivos por lo menos no tienen la cara tan dura de salir a los medios a quejarse. Lo hacen en sus círculos cercanos y piensan que no han hecho nada ilegal y que sus abogados lo aclararán todo. Ya ven, cuando se vive en una realidad paralela el concepto de legalidad es tan amplio como quiera uno. Mención especial y digna de quitarse el sombrero merece Miguel Ángel Sánchez Plaza, que llegó, vio y venció. En apenas un año al frente de Caja Segovia consiguió embolsarse varios millones de euros (perdonen que no dé la cifra exacta, le preguntaré al susodicho). Tampoco olvidar a Óscar Javier Varas (ex- jefe de Riesgos, qué gran contradicción) o Enrique Quintanilla que no se fueron con los bolsillos vacíos a su casa. Pero nadie tan remunerado por sus servicios como Manuel Escribano. A él tenemos que darle las gracias por todo lo bueno que ha hecho por Segovia, y si usted, señor Escribano, cree que su prejubilación y su indemnización son escasitas, pásese por Segovia que seguro que podemos conseguirle un poquito más. Estaremos encantados de recibirle.
Y por último estamos nosotros, los ciudadanos, los que durante tantos años miramos a otro lado. Mientras se contentaba a la masa nadie se preguntaba qué se hacía con la otra parte del dinero, la que no iba destinada a Obra Social. Cuando ha salido a la luz, cuando la Justicia sí que se ha hecho las preguntas correctas, ha sido tarde. El dinero ha volado.
UPyD Segovia fue el único partido que denunció los hechos. En aquellos tiempos fueron muchas las “amenazas” de que iban a ser denunciados por injurias y calumnias. Parecía que estaban diciendo salvajadas de los honorables directivos. No andaban desencaminados, como ahora sabemos. Para ellos mi reconocimiento. Porque hay que ser justo. Vaya por delante que no pertenezco a ningún partido ni soy votante de UPyD, pero en estos tiempos en los que la política no está de moda, ver que ellos en Segovia se atrevieron y se arriesgaron es de agradecer.
Exijamos que se llegue hasta el fondo, y cuando haya elecciones municipales y regionales, no olviden que, a parte de los directivos implicados, también siguen campando a sus anchas aquellos que se lavaron las manos con dinero y no hicieron nada por impedir esta vergüenza que estamos pagando todos. No caigan en el error de resignarse, de aceptarlo porque “en todos lados hay corrupción”, de acostumbrarse a las noticias y pasar por ellas de puntillas. Es nuestra obligación conseguir que nunca más unos cuantos vuelvan a reírse en la cara de los segovianos.
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