| ¿Y ahora qué hacemos con la loba? |
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La réplica de la Loba Capitolina llegó a Segovia en el año 1974, cuando los historiadores todavía pensaban que la escultura, símbolo de la ciudad de Roma, procedía del siglo VI a.c.
Gonzalo Ayuso - Segovia
No ganamos para disgustos con estas moderneces del análisis del carbono 14 y experimentos por el estilo. Ahora resulta que las últimas investigaciones han determinado que la estatua romana de la Loba Capitolina, que se conserva en los Museos Capitolinos de la ciudad eterna, tiene alrededor de mil años menos que los que tradicionalmente se le atribuían. La nuestra, réplica de esa escultura de la buena de Luperca, permanece junto al Acueducto romano, en la plaza oriental, desde el año 1974.
Llegó a Segovia como regalo de la ciudad de Roma con motivo de los actos del Bimilenario del Acueducto, efeméride por otra parte dudosa, porque para la ciencia hoy en día es bastante improbable que justo en esa fecha de mitad de los años setenta nuestro principal monumento de la ciudad cumpliera exactamente dos mil años. Lo que casi todos los historiadores mantienen es que debió ser a finales del Siglo I o primeros del II cuando se construyó esta impresionante obra de ingeniería.
En fin, que verdades que nos parecían tan sólidas como los años del Acueducto o el origen etrusco de la Loba Capitolina se nos han ido quedando en nada gracias al empeño de la ciencia.
En la hemeroteca descubrimos que la portada de El Adelantado del lunes 22 de julio de 1974 recogía una fotografía de Fernando Peñalosa de la escultura de la Loba Capitolina, la nuestra, tras su descubrimiento por parte nada menos que del consejero municipal de Roma, Italo Bechetti, que participó en los actos conmemorativos del célebre Bimilenario, origen por otro lado del Festival Internacional de Segovia, hoy Festival de Segovia.
La Loba Capitolina es el símbolo de la ciudad de Roma y hasta el mes pasado se creía que el origen de este bronce era el siglo VI antes de Cristo, aunque se daba por seguro que los gemelos fueron añadidos en el siglo XV por Pollaiolo. Por eso a nadie extrañó entonces que la municipalidad de Roma quisiera regalar una de sus más preciadas esculturas a la ciudad de Segovia, como reconocimiento a nuestro pasado romano. Según la mitología romana, Luperca era el nombre de la loba que amamantó a Rómulo y Remo después de que el rey Amulio ordenase ahogarles y la corriente les arrastrara a una orilla del río Tíber, donde fundaron Roma.
Conocida la verdad, lo que nadie puede negar es que después de más de tres décadas la Loba Capitolina de Segovia se ha convertido en punto de referencia y lugar de encuentro para los segovianos. Lo de menos es que la original sea medieval y no etrusca porque, como dice el vulgo, ‘la intención es lo que vale’ y el señor Bechetti y el resto de consejeros de la municipalidad de Roma no sabían en 1974 que unos científicos puntillosos iban a devaluar así su regalo. |