| Un galardón para un libro sobre los libros |
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Fernando Villaseñor Sebastián, en una imagen reciente. / EL ADELANTADO
El investigador Fernando Villaseñor habla sobre “El libro iluminado en Castilla durante la segunda mitad del siglo XV”, obra con la que ha ganado el Premio Sinodal de Aguilafuente
Ana San Romualdo - Segovia
La semana pasada el investigador Fernando Villaseñor Sebastián recibía la noticia de que había ganado la segunda edición del Premio Sinodal de Aguilafuente, convocado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, con el patrocinio de Caja Segovia, por su trabajo “El libro iluminado en Castilla durante la segunda mitad del siglo XV”, una decisión adoptada por unanimidad por un jurado de prestigiosos especialistas.
Días después, en declaraciones a esta Redacción, Villaseñor Sebastián, vinculado a Segovia, ya que este curso ejerce como profesor de IE Universidad, impartiendo la asignatura anual de Fuentes de Historia del Arte, perteneciente al tercer curso de Historia del Arte, manifestaba su “gran satisfacción por el premio, sobre todo por la forma de valorar el trabajo que ha tenido el jurado, y por las personas tan destacadas que lo integraban”.
En cuanto a la obra galardonada, que será publicada dentro de las colecciones del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Fernando Villaseñor explicó que se trata de un estudio de los libros iluminados y la miniatura en Castilla en la segunda mitad del siglo XV. “Tras una introducción, el libro se acerca a los distintos estamentos que poseían estas piezas, fundamentalmente la nobleza, la monarquía y la Iglesia; y a los centros geográficos en los que se producían”, comentó.
Así, el historiador comentó que en ese momento este tipo de libros estaban en manos de la Casa Real de Castilla, de los grandes nobles, “y sobre todo de la Iglesia, tanto en las sedes episcopales como en los monasterios”. Geográficamente, todas las ciudades con catedrales cuentan con colecciones de relevancia, como es el caso de Ávila, Burgos, Burgo de Osma o Segovia, donde juega un papel preponderante el obispo Arias Dávila.
Fernando Villaseñor entiende que la mayor aportación de esta obra reside en que “contextualiza y reagrupa todo lo que se conserva de esta época”, matizando que la miniatura “es muy fácilmente transportable, y lo normal era que se llevase de un sitio a otro, de modo que muchas de las piezas están muy lejos de donde se produjeron, hay una gran dispersión”.
En este sentido, añadió que es lógico suponer “que existió mucho más de lo que se conserva, aunque son piezas que tampoco están documentadas, ya que en Castilla, al contrario que en otras zonas, como Aragón, hay una gran falta de documentación y tenemos que basarnos en lo poco que se conserva”.
Villaseñor Sebastián, que hasta finales de curso tiene condición de becario de investigación sobre Patrimonio Cultural de la Fundación de Patrimonio Histórico de Castilla y León, vinculado al Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, ha centrado en los libros iluminados buena parte de su actividad investigadora; de hecho, el libro presentado al concurso es parte de su tesis doctoral, que leyó en marzo del año pasado. La iconografía y el arte medievales, así como la vinculación del arte y las órdenes militares son otras de las líneas de trabajo de este joven investigador.
El jurado del Premio Sinodal, copresidido por el director del Instituto, Gonzalo Santonja; y el presidente de Caja Segovia, Atilano Soto, estuvo integrado por Víctor Infantes de Miguel, catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid; Julián Martín Abad, jefe del Servicio de Manuscritos, Incunables y Raros de la Biblioteca Nacional; Fermín de los Reyes, comisario de la exposición ‘Juan Párix, primer impresor en España’; Anastasio Rojo Vega, profesor del departamento de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valladolid; y José Luis del Valle, director de la Biblioteca del Monasterio de El Escorial. |