| Blesa y la politización de las cajas |
Editorial
La entrada en prisión del que fuera presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, es quizá la imagen más potente de cómo la injerencia política en la gestión de las cajas de ahorro ha propiciado su desaparición. En el auto que le envió a prisión en la tarde-noche del pasado jueves, el juez tildaba de conducta «aberrante» la forma de proceder del exbanquero en la compra del City National Bank de Florida, una operación en la que según un informe de los inspectores del Banco de España la entidad financiera perdió la friolera de 500 millones de euros. Los inspectores consideraron en abril del 2010, momento en el que está fechado su informe, que el plan de negocio que sirvió de base para la valoración del sexto mayor banco privado de este estado americano era «poco consistente» por cuanto no se justificaba el precio pagado en su toma de control, cantidad que superaba los 800 millones de euros.
El juez Elpidio José Silva ve en su auto indicios racionales de responsabilidad criminal de Blesa por la posible comisión de un delito societario de administración desleal. Unos indicios de criminalidad que el magistrado sustenta tanto en la ausencia de estudios previos realizados por auditores independientes sobre la viabilidad y oportunidad de la compra del banco americano, como en la circunstancia de que se burlara el preceptivo requisito de someter la operación a la aprobación del Gobierno de la Comunidad de Madrid con la argucia de realizar la compra de la entidad en dos fases.
En su defensa durante la vistilla convocada por el juez para decidir la imposición de medidas cautelares -finalmente tuvo que pasar una noche en la cárcel del Soto del Real hasta que pudo reunir la fianza de 2,5 millones de euros-, el exbanquero sostuvo que la decisión de compra se tomó por unanimidad dentro del Consejo de Administración de Caja Madrid, máximo órgano de dirección de la entidad en el que ni siquiera contaba con voto de calidad.
Es precisamente esta falta de objeciones en los consejos de administración de las cajas de ahorro las que han generado su ruina. Elegidos no por sus conocimientos económicos y financieros, sino por sus adscripción a los partidos políticos, los consejeros de las cajas se reunían periódicamente con más interés en cobrar la jugosa dieta que el orden del día generaba que en valorar si las operaciones que llegaban a su mesa tenían alguna rentabilidad que no fuera meramente política.
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