| Voto electrónico y democracia |
Tribuna
Ignacio Martín Granados (*)
El anuncio del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de estudiar la posibilidad de utilizar el voto electrónico para el próximo referéndum sobre la Constitución Europea ha abierto un interesante debate sobre la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICS) en la arena política.
Pero, ¿en qué consiste exactamente el voto electrónico?. Bajo este concepto se engloban varios sistemas. Por un lado, el voto remoto por Internet, donde cada elector puede ejercer el sufragio desde cualquier lugar y equipo con conexión a la red (ordenadores personales, teléfonos móviles, agendas electrónicas). La urna electrónica, en la cual el votante, mediante una tarjeta inteligente, introduce su papeleta en dicha urna que realiza una lectura óptica, procesa el voto y guarda en su memoria el resultado, produciéndose un recuento instantáneo al cierre del colegio electoral. Y, por último, las pantallas táctiles, en las cuales el elector elige a su candidato mediante una leve presión en el menú de un monitor que guarda el resultado en su memoria.
Evidentemente, estos sistemas cumplen todos los requisitos de seguridad mediante complejos protocolos criptográficos, comprendiendo los que atañen a la autenticación (garantiza que una persona es quien dice ser), la confidencialidad de los datos (dichos datos tan sólo van a ser entendibles por los destinatarios del mensaje), la integridad (no alteración o modificación del voto emitido), el anonimato (la no identificación de la identidad de la persona que emite su voto) y el control de acceso o uso no autorizado.
En cualquier caso, no se trata de una experiencia nueva ya que los diferentes sistemas de 'eVoto' se han implementado en Brasil, Venezuela, Bélgica, Suiza, Estados Unidos o la India. Incluso en España ya ha habido diversas experiencias en los último años desde 1995. En Jun (Granada), Toro, Zamora y Pol (Lugo) votaron en las pasadas elecciones generales a través de Internet y teléfonos móviles, como en El Hoyo de Pinares (Ávila) y Madrid en sendas consultas populares. Y en las últimas elecciones autonómicas catalanas se probaron los tres sistemas de voto electrónico antes descritos.
Desde un punto de vista técnico, los beneficios de estos mecanismos redundan en una mayor eficiencia, fiabilidad y abaratamiento de los costes de las citas electorales tras la rápida amortización de las máquinas y ahorro de papel y dietas de los miembros de la mesa electoral.
Desde un punto de vista socio-político, estamos posibilitando nuevos escenarios de democracia que mejoran cualitativamente la participación (discapacitados, voto por correo…) y posibilitan la deliberación a través de lo que se ha venido a denominar "democracia electrónica" o "eDemocracia".
Por tanto, podemos afirmar que existe una tecnología que permite llevar a cabo el voto electrónico con las garantías del sufragio tradicional, teniendo en cuenta que en ningún caso estaríamos hablando de suprimir éste último sino que convivan ambos sistemas en paralelo. Sin embargo, lo que más debe preocupar al señor Zapatero es la preparación de la sociedad. En un Estado a la cola de los países occidentales en cuanto a penetración de Internet y uso de las TICS (brecha digital), con el proyecto del DNI electrónico paralizado y dos programas ministeriales (Info XXI y España.es) de fomento de la Sociedad de la Información fracasados, éste es sin duda el factor de riesgo que hace peligrar el éxito del sufragio electrónico y su capacidad para generar confianza.
Sin duda, hemos de felicitar al presidente del Gobierno por liderar un discurso que aboga por el uso de las TICS para fomentar la participación ciudadana, pero debemos recordarle que el instrumento de decisión no es lo más importante, lo verdaderamente relevante es la fase previa de acceso a la información como elemento formador del espíritu cívico de toda la población y la deliberación democrática que asegure un resultado maduro para una sociedad avanzada y progresista. Tampoco se deben crear falsas expectativas, la verdadera manera de combatir el abstencionismo electoral y los problemas de desafección política es facilitar la participación de la sociedad en el uso diario de la política y no cada cuatro años.
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(*) Politólogo y miembro del "think tank" www.edemocracia.com)
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